Buena aventura. Una vez caminé lo suficiente como para darme cuenta de que no estaba escapando de mi lugar. Lo que parecía una típica fuga geográfica terminó siendo simplemente otro paso dentro de mis viajes. Más específicamente, hoy puedo determinarlo como un renacimiento. Cuando me postro frente a mi escritorio, aquí, en mi terraza, y no encuentro cuál de mis viajes relatar o sobre cuál explayarme, simplemente cierro la bitácora y vuelvo a esperar este momento. Repito esto