1. Infiltración: entrada consciente al sistema.
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 3 min de lectura
Actualizado: 7 may
Día 1
Bítacora de viaje - Resumen
Varita mágicaFig —el loco de los panfletos de castillos mágicos— y yo quedamos de vernos en una intersección, lejos de los callejones peligrosos de Zaun. No perdimos el tiempo con formalidades. Ya me había acostumbrado a este nuevo aspecto, cosechado a causa de la magia poliformadora de Fig; un cuerpo distinto, pero funcional.Uno de sus amigos, George, quien nos acompañaría al castillo del Mundo Mágico, no dudó ni por un momento de que yo fuera realmente una nueva estudiante de magia. Ni siquiera cuando mi apariencia se acercaba más a la de una mujer mayor que a la de una aprendiz.La infiltración había comenzado de manera perfecta.Varita mágica
Varita mágica—Dragones salvajes, que no deberían estar en nuestra línea de vuelo— escuché al conductor del carruaje mágico exclamar, justo antes de que las bestias voladoras nos atacaran de frente.¿Dragones breáticos aquí? ¿En martes?Supuse que su ratio de spawneo era particularmente bajo los días martes. Así que intuí que, si habíamos sido colocados en una situación tan peculiar, no era por la naturaleza de los dragones, sino por la intervención de algún factor externo.Mientras descendía en caída libre junto a Fig, y segundos antes de teletransportarnos a un lugar seguro, lo entendí:Algo ya sabía de mi infiltración en los castillos mágicos.Y no estaba de acuerdo con ello.Varita mágica
Varita mágicaFig no me dejaba adelantarme en ninguna conversación. Parecía tranquilo mientras avanzábamos por peñascos peligrosos que daban directamente al mar abierto —mucho más intimidante que las alturas.Me condujo hasta un lugar donde reconocí una entrada secreta. No hice nada especial. Solo saludé al espíritu protector de la isla que estaba de turno y, afortunadamente, le caí bien.Varita mágica
Varita mágicaCuando atravesamos el portal de la isla remota, me encontré en una situación demasiado familiar: un entorno oscuro, enemigos alrededor.Utilicé mi propia magia eléctrica para defenderme de los autómatas mágicos que servían como guardias del escondite por el que Fig y yo corríamos prácticamente a ciegas.La varita resultó ser un excelente canalizador para mi electricidad.Quién diría que no hacían falta metal ni bobinas; bastaba un trozo de madera añejado para combatir con soltura.Cuando los guardias se agotaron —o dejaron de enfrentarme— tuve el tiempo de canalizar mi magia en el terreno. Noté entonces que había zonas donde emanaba una energía similar a la mía; pude reconocerla y señalarle a Fig por dónde seguir.Al llegar al final de lo que fuera aquel lugar, un terrateniente goblin nos dio el alto.—¡Fig, por aquí, una fisura de salida!Rompí con la pared que Fig me había impuesto.Esta vez yo sería la guía, aunque fuera solo por ese momento de huida necesaria.Varita mágica
Varita mágicaSeguíamos con el corazón agitado hasta que, tras unas cuantas colinas que se asemejaban a otros mundos que ya conocía, encontré por fin el castillo del panfleto de Fig.—¡Rayos! Luce igual de genial que en el panfleto —le dije, emocionada.Mi irreverencia devolvió a Fig a su estado natural de guía y, casi de inmediato, topamos con ese maestro de ceremonias que hasta ahora no me ha dirigido la palabra.Fui escoltada hasta el centro del salón. Me colocaron el sombrero seleccionador sobre la cabeza.(Dame Ravenclaw) —le dije—, después de que intentara sin éxito adentrarse en mi personalidad.Un reconocimiento de fuerza mental bastó para cumplir mi capricho.No sé cómo serán las camas de las demás casas, pero aquella en la que dormí…sin duda era mágica.Varita mágica






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