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10. Pertenencia sin pérdida

  • Foto del escritor: Kala Rico Pollo
    Kala Rico Pollo
  • 7 ene
  • 3 min de lectura

Actualizado: 7 may

Varita mágica

Los habitantes del castillo se replegaron y quedé a solas otra vez frente a una situación que ya empezaba a volverse repetitiva: no puedo accesar. Necesito aprender ¡Alohomora!Volví al castillo con ese objetivo. En la búsqueda aprendí a usar la escoba, ese método de transporte que mis pies miraban con escepticismo. ¿De verdad utilizaría una escoba para moverme por este reino? La duda se volvió translúcida —más bien difuminada— cuando Sebastián me tomó del brazo y me llevó a un lugar especial: secreto, oculto de ojos fisgones.Ahí tuvo la paciencia de un maestro titular de esta escuela de hechiceros y logró que yo aprendiera ¡Confringo!—Es como ¡Incendio!, pero con más alcance —le dije.Cuando la charla personal y el entrenamiento cedieron a un momento de silencio, Sebastián aprovechó para preguntarme por mí: mis intenciones, y qué había sucedido conmigo después de aventurarme sola por el mundo.Como la amiga confianzuda que soy, le hablé con todo detalle de mis habilidades con la magia ancestral. A mitad de un relato sin contenciones, me sentí avergonzada.Pensé, entre espacios: ¿cómo es que me atrevo a decirle que soy heredera de la magia ancestral a esta persona? Qué idiota. Seguro me tomará por loca, perderá interés en mí por mi existencia egocéntrica… y seguí acumulando pensamientos fatídicos hasta que Sebastián tomó el timón de su propio interrogatorio.—Así que eres como los fundadores —dijo—. Mira, llevo estudiando la magia ancestral desde que llegué aquí. Podrías ser de gran utilidad para mi investigación.Casi lloro. De alegría. De emoción por lo que se avecinaba, pero sobre todo de alivio. Sebastián era incluso más cool que yo, y yo lo complementaba.Estaba feliz de no ser una burda protagonista en un castillo de magia. No. Era su amiga: la que le ayudaría a volverse el experto en magia ancestral. Bendita amistad.

Varita mágica

 Varita mágica 

El castillo, probablemente, sintió mi regocijo cuando me descubrí recorriéndolo a solas, buscando más llaves dedálicas, como si se tratara de una pequeña celebración ritual hecha únicamente para mí. Había entendido, por fin, que aunque yo era especial, también encajaba en este mundo de fig y sus panfletos. No tenía que forzar nada. Acepté que las cosas sucederían por mero flujo y no por mi propia autopropulsión.Como a mí me gusta.Tal vez lo pensé con tanta fuerza que el castillo reaccionó. Un acceso secreto se mostró en una de las paredes cubiertas por enormes pinturas —obras que, quizá, merezcan su propia entrada en esta bitácora.Entre los marcos y los óleos, una puerta se abrió. Y con ella apareció la profesora Weasley, acompañada de ese sonido característico del fuego Floo.—Ah, Bridge… has encontrado la Sala de los Menesteres…Me mantuve confusa, deslumbrada por el descubrimiento. Sentí cómo mis energías emocionales descendían de forma sutil, permitiéndome dejarme guiar por Matilda. Me acompañó hasta la profundidad de la Sala de los Menesteres, que —según ella y su ayudante, Deek— podía ofrecerme exactamente el espacio que necesitaba, con tan solo pedirlo con verdadero ahínco.Mientras decoraba mi nuevo refugio dentro de la sala, algo quedó absolutamente claro.Algo que debería anotar subrayado y en negritas.Hoy entablé conversación con el alma más inteligente y conocedora del castillo.

 Su nombre es Deek. Varita mágica 

El castillo, mis compañeros y mis tutores… Fig y Percival. Todos ellos me habían dado pequeños empujoncitos dentro de este mundo. Aún no sé por qué ni para qué.Solo sé que, para aprender Alohomora, debo volver a complacer los requerimientos del profesor Sharp. Otra vez. No tengo suficientes monedas para pagarle a Pippin por pociones,ni ingredientes para prepararlas por mi cuenta. Antes de salir del castillo —con el mismo ánimo aventurero de aquella vez en que gané el torneo de las Varitas Cruzadas— me estiré el cuello y las manos con la rudeza heredada de mi ciudad natal. Hora de cazar sapitos. 

  Varita mágica 









 
 
 

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