12. Construcción del mito
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica Y así pasé algunos instantes, deslizándome por aquellas montañas que observaba a través del vitral de mi dormitorio en el castillo. Pasé unos segundos viéndome tal como me imaginé: viva, exótica, salvaje y libre.Cuando divisé desde las alturas aquel estandarte rojo —más visible por su aura maligna que por su color— descendí sin dudar y brindé espectáculo a las coníferas, a las pendientes rocosas, a los alces y, en general, a toda esta tierra mágica.Cuando terminé de saquear el par de asentamientos derrotados al pie de la montaña, un pensamiento se abrió paso con claridad:estos asentamientos estaban extrañamente posicionados, como si fuesen la periferia de una ciudad que se expande sin límite y que, por pura inercia, termina erigiéndose en lugares como este.Giré sobre mí misma para confirmar la discrepancia.¿Cuál sería el objetivo de asentarse tan lejos de todo, en plena cordillera montañosa, si no fuera porque ya no hay más espacio donde crecer?Mis engranajes mentales de estratega de guerra embonaron con un clic preciso.Me dirigí entonces directamente al gran bosque —mucho más vasto que cualquiera que hubiese experimentado en otros universos— y busqué los indicios que confirmaran esta epifanía:Había otra plaga.Y también habría que erradicarla. Varita mágica
Varita mágica
Llegué a una ciudad de humanos justo después de descender de la montaña. Estaban en mi camino hacia el bosque. Mala espina.Me sacudí ese desasosiego escuchando a un mago tocar instrumentos, igual que muchos otros habitantes de esta ciudad improvisada. La música, como siempre, me devolvió al centro. Cuando me sentí de nuevo en mis cabales, busqué al mercader del lugar: esa persona que ve todos los rostros, escucha todas las voces y, por supuesto, conoce los ademanes de quienes están… y de quienes ya no.—Ah, Claire. Mucho gusto, mi nombre es Kala Bridge.Claire, la mercadere —como todos los demás— había escapado del ataque de los duendes de Ranrok. Ese goblin del que huí junto a Fig, en aquella cámara de magia ancestral.El ejército de Ranrok había tomado el gran bosque: el lugar donde confluyen todas las rutas comerciales, la tierra de neutralidad de esta parte del mundo mágico.Al apropiarse de la neutralidad, se apropiaron también de la tranquilidad de casi todos.Seguí hilando correlaciones entre Ranrok… y yo.Ranrok era una variable destructiva.Yo, una variable disruptiva.Y fue ahí cuando saqué a Claire de su pena con un destello de pura tenacidad:—Yo puedo deshacerme de ellos.No sé cómo interpretó mi forma de decirlo, pero sus ojos brillaron. Como brillan los ojos de quien cree estar frente a un héroe.No lo soy, debo admitir.Pero dejando eso de lado, me gusta cómo hago sentir a la gente cuando regreso con buenas noticias.Los asentamientos goblin bajo la colina y la cantera más cercana están libres de goblins.Los más valientes —quienes se habían propuesto convertirse en generales de una milicia de supervivientes— me escuchaban atentos, inclinados sobre un mapa que habían fabricado días atrás.Desde fuera de la casa de campaña, Claire observaba a sus amigos mientras señalaban el mapa… apuntándome a mí.Supieron que iba en serio desde el instante en que aquella forastera dijo:—Yo puedo deshacerme de ellos.
Varita mágica
Varita mágica
El gozo más intenso en aquel instante era el de mis pies.(Y siempre hablo en figurativo cuando hablo de mis pies).Puestos a prueba, debían ser óptimos: rápidos para reaccionar a los distintos relieves de la periferia del bosque, intuitivos para reconocer las sendas secretas que había que tomar, elocuentes al avanzar.Porque todo el mundo estaba mirándolos.Había que convencer al bosque —no con palabras, sino con movimiento— de que yo era capaz de extirparle el mal de Ranrok.Y la primera forma de persuadirlo era demostrarle que podía rodearlo por completo, sentirlo, leerlo… sin detenerme. Varita mágica
Varita mágica
Lo supe mientras lo hacía.Ya me había vuelto infame dentro de la sociedad mercenaria goblin.La voz se corrió rápido.Demasiado rápido.Los asentamientos —más en específico, las atalayas— dieron lugar a un consenso tácito:había algo merodeando sus dominios.Se decía que era una bestia.terroríficamente veloz.Había que informar a quien correspondiera.Capté la realidad de este miedo al escucharlo desde las copas de los árboles:un goblin hablándole a otro de mayor jerarquía, describiendo el fenómeno con palabras torpes, nerviosas, insuficientes.Fue entonces cuando me alcanzaron chispas de superioridad —y quizá de soberbia—,porque cuando finalmente se percataron de mi presencia…yo ya estaba en el centro del bosque.
Varita mágica
Varita mágica
¡Confringo!El asentamiento goblin de turno recibía ataques desde la maleza,pero nunca lograban ver qué —o quién— los atacaba.La guardia goblin, esa que siempre había sido menospreciada dentro de su estructura militar,se volvió de pronto la más valiosa.Quien vigilaba la noche era ahora el mejor goblin,según la ideología torcida de su propia sociedad.Yo entendía perfectamente por qué.Cuando noté que, con el tiempo, ningún asentamiento goblin mantenía ya servicio de guardia,supe que algo había cambiado.El miedo había comenzado a funcionar.Así que lo llevé más allá.¡Incendio!Lancé el hechizo de corto alcance sobre un grupo que me había tendido una trampa cuidadosamente planeada.Qué anticlimático.La desmantelé.Empecé entonces a encontrar asentamientos con la fogata apagada.El bosque se volvió silencioso.Tuve que quedarme quieta.Después de tanto movimiento, ahora tocaba escuchar:detectar el sonido discordante y dirigirme hacia él.Los humanos atrapados.Olvidados tras la retirada goblin.Cuando llegué al último, me resultó casi gracioso:lo habían integrado a su sociedad. Lo encontré con resaca, tendido en el camastro del general goblin.Lo sacudí.—Hey. Tú eres Bardolph. Claire me habló de tu rostro. Vamos… volvamos a casa.Y es aquí donde lo digo otra vez:no soy una heroína.Pero se siente bien —lo confieso—ver el rostro de personas como Claire cuando recuperan, con su propio abrazo, aquello que ya habían dado por perdido. Varita mágica
















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