13. Manipulación del sistema
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
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Actualizado: 7 may
Varitas mágicas —¿Qué…? Pero si acabo de regresar con Bardolph al Alto de Hogsfield.¿Cómo que ha vuelto a desaparecer? Dorothy, la vecina de Claire, me relató que al día siguiente el hombre había regresado con los goblins. Esta vez —dijo— habría que traerlo de vuelta… tal vez en un estado más sobrio. Fue la última conversación normal que tuve en el Alto de Hogsfieldpor un buen, largo y estresante periodo.
Sapos morados gigantes.
Pero esta vez, los que sí son grandes. No los “sapitos”. Aquellas criaturitas que vencí en el castillo de la ciudad vecinan no eran más que crías. Varitas mágica
Varitas mágicasLa adrenalina.La muerte latente.No sé bien cuál fue el factor crucial para que el agua de los riachuelos se sintiera tan liviana.Tal vez fue mi propia intensidad la que me mantuvo al margen del movimiento de las bestias anfibias.Primero, claro, enfrenté.No todas las arenas —ni mucho menos todos los rivales— son iguales.Tuve que perder el equilibrio y caer a merced de la furia del río;convertirme en piedra en el último instante, eso sí,evitando que me devoraran.Repetí este proceso durante muchos días:enfrentar las técnicas de pelea de los sapos morados gigantes,huir cuando recibía demasiado daño,reincorporarme en alguna posada del Alto Hogsfield,recibir críticas de los citadinos,bajar la montaña cuando salía el soly volver a enfrentar.Ponerme frente a patrones de ataque desconocidosmientras mi cuerpo, poco a poco,acusaba el daño acumulado del día anterior.Una herida en el pie me obligó a reposar en una cubeta de aguaafuera de la casa del curandero,expuesta a un tipo distinto de hostigamiento:no lengüetazos ni embestidas bufónidas,sino ataques al ego.—Ahí está la forastera, encomendada en su heroica misión —señalaban desde un grupo de magos aficionados, casi todos mayores que yo.—Hija, esos sapos han existido ahí mucho antes que Hogsfield mismo.El más joven remataba:—Capitán, ¿ella se piensa que puede eliminar a las bestias del pantano?¿Cómo podría creerse capaz de algo así?Se retiraban entre murmullos,hablando entre sí,claramente con la única intención de desmoralizarme.Mis pies podían dañarse en combate.Pero perder su sentido del movimiento…nunca. Varitas mágica
Varitas mágica
Cuando la sociedad de Hogsfield dio por finita la historia de la forastera idiota y su dolorosa existencia,volví a aparecer.En esta forma terrorífica tan mía.Avancé entre el pueblo, que se volvía más desolado a cada paso.Cuando llegué al centro, la policía y la milicia —los magos aficionados— me hicieron frente.A mí.Y a los sapos.—Sé que todo el Alto de Hogsfield sabe quién soy el día de hoy —dije,mientras me daba la vuelta hacia el trío de sapos morados,controlados por mí…y por mis pies.Ellos sabían bailar.Y yo también.Marqué el paso con ¡Lumos!, de arriba hacia abajo.Los sapos comenzaron a moverse con sutileza:su centro de gravedad ascendía y descendía,rítmico, preciso.Les había enseñado una coreografía.
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Me sentía con el derecho de provocar este caos por una razón sencilla:la moral del pueblo podía interesarse en mi idea disparatada,incubada durante días de estrategia, combate y reflexión.Yo les había recuperado las rutas comerciales del gran bosque.¿Y por qué no ahora también las del pantano?Ese era mi reclamo, en esencia.Ya demostré que puedo servirles.Ahora les toca confiar en mí.—¡Qué ridículo escenario! —dijo uno, apuntando con su varita al sapo líder, aún en posición de baile.—Alto ahí, idiota —respondí, apuntando de la misma forma.Los sapos se detuvieron.Sus ojos volvieron al color turbio del río.Si bien siempre mostré un trato apacible y agradable con los demás,mi lado oscuro era muy de temer.Bajé la guardia.Los sapos también.Rayos… ¿cómo les explico?Cambié de postura de inmediato.Había que hacer entrar en razón a este grupo de belicistas que me rodeaba.—Piénsenlo así —dije, rascándome la cabeza, estresada, esperando que realmente entendieran—.Si ustedes hubieran existido toda una eternidad en el pantano, sin… ya saben, sin fiestas,también tendrían un recubrimiento de roca en el dorsoy los ojos se les pondrían rojos. —¡Mírenlos!El líder entendió la señal y volvió a dar pequeños pasos adelante y atrás.El par de apoyo lo imitó, con una fuerte sacudida de cuerpoque, poco a poco, les desprendía las costras de roca y moho.—Tengo un plan de acción que podría interesarle a todo Hogsfield.El silencio marcó la pauta.Me habían escuchado.Los sapos habían encontrado lo que necesitaban:baile.Y cuando digo sapos,aquí me refiero tambiéna los citadinos de Hogsfield. Varitas mágica
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De verdad que soy disruptiva —me dije, con la mano en la frente, cubriendo el sol para poder ver la academia de baile que habían erigido en tan poco tiempo.Yo servía ahora como escolta por el pantano.Acompañaba cargas muy ligeras: casi siempre gente de fuera,que usaba de excusa entregar un citatorio o algún objeto de índole personalcon tal de atravesar el peligroso pantano…ahora convertido, curiosamente, en una forma de entretenimiento.Y, a decir verdad, no era una molestia de ningún tipo.Avanzar junto al carruaje de personas excéntricas.Ser emboscada por sapos asesinos.Identificar al sapo de turno —que muchas veces ya conocía—.Comunicarme en idioma sapo.Y proceder a la mejor parte del día pantanoso:Bailar.Los excéntricos aplaudían con un estilo muy propio —vaya la redundancia—.Disfrutaban genuinamente verme bailar a míy a mis colegas de pies cortitos.—Eres una persona extraordinaria. -Gracias. siempre respondía.Esa fue la palabra que repetí durante un buen tiempo.Hasta que los primeros egresados de la academia de bailedescendieron a su destino.Erradicar. Varitas mágica
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Pelea de baile entre humanos y sapos.No recuerdo haberle dicho a nadie mi plan secreto.Bailar con las bestias no era la meta. En absoluto.Los llamados encantadores de sapos, así proclamados por la sociedad, habían entrenado, sí: encantando sapos, aparentemente.Pero en realidad, mi intención era otra.Entrenar la base de mi grupo de cacería.Hacerlos sentirse cómodos frente a los sapos.Normalizar su presencia.Después de todo, pasar tanto tiempo frente a algo termina por desarmar el miedo. El baile de la fiesta terminó en una traición.Ya les había dicho que no soy un héroe.Avisados estaban.
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