15. Vínculo auténtico
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica Ah, cómo habla este sujeto, pensé muy para mis adentros, procurando que las probabilidades de exhortarlo a callar por la boca fueran mínimas.El hombre —carrocero de escobas mágicas— logró hacerme disociar por un instante mientras me explicaba cosas que no me interesaban en absoluto. Mi único motivo para estar en su tienda era claro: quería aprender ¡Glacius!, pero para eso necesitaba llevar una escoba al castillo.Pensaba que ¡Glacius! sería una buena manera de enfrentarme a los trolls de las montañas. Ya tenía un plan en marcha. Sobrevolé las partes del bosque que no tienen caminos; regiones desconectadas, inaccesibles para cualquier cosa que no vuele. Crucé espacios fuera del marco del mundo mágico, lugares sin nombre —ni siquiera el Bosque Prohibido—, extensiones que existen solo porque nadie las reclama. Volé porque podía.Y porque nadie más lo hacía.
Varita mágica Entiendo que, para algunos espectadores —tal vez de otras dimensiones—, resulto curiosa en mi manera de moverme por el mundo. Me detuve frente al sapo salvaje; de menor tamaño, eso sí. Un sapo que no había tenido que lidiar con humanos molestos hasta que aparecí. La criatura estaba contenta: había encontrado una nueva amiga, aquí, en su pantano. Nos saludamos.Y recibí su guía. Sí: le pedí direcciones a un sapo del pantano. Seguí el caudal, punto de referencia que me fue conferido por los habitantes del lugar, y encontré lo que buscaba. Había preguntado por algo grande, que sacude, que asusta…y que no se mueve. Con buena voluntad, todos me guiaron hasta la morada del trol. Vaya tarea.
Varita mágica Me postré frente a él. No tardó nada en dañarme de gravedad y tuve que huir. El trol era muy trol, sin duda.Descansé. Volví al día siguiente.Y ocurrió lo mismo.Los días sucedieron, y mi presencia comenzó a volverse fútil.Bendita sea: se quedó quieto.No me atacó.Mi interacción con esta alma del bosque aún resuena en mí mientras escribo esto. Ese stand-off —donde ninguno atacó al otro, aunque solo durara unos segundos— fue el punto de quiebre: ahí, las expectativas quedaron obsoletas. Yo sabía lo que hacía.Así que recibir otro ataque del trol no disuadió mi mente. Iba a convertirme en su amiga.
Varita mágica Qué intriga la que me cargaba entonces.Mis habilidades de combate, de destrucción, de guerra, me servían exactamente para lo contrario. Cuando aprendí todos los patrones de ataque del trol, dejó de dañarme y, por tanto, me volví una presencia molesta y atemporal para él. Así que —ja, me río ahora— lo hice irse.Se fue corriendo por el bosque.Y yo fui tras de él. Mi semblante arrogante se me derritió de la cara, porque había hecho algo muy malo. El trol comenzó a salir de donde había permanecido por tanto tiempo y, al hacerlo, empezó a causar estragos. Más terror que daño real. Porque siempre que aparecía en un pueblo o en algún puente, yo estaba ahí, a su lado, lanzando hechizos solo para provocarlo, para jalarlo hacia mí, lejos. ¡Confringo! Las quemaduras de mis hechizos especiales no le hacían ningún daño. Verme combatir contra una entidad totalmente inmune a la magia era un trance bizarro para los citadinos: el espectáculo de un trol y una maga forastera, estúpida a sus ojos. Esos momentos de contacto visual, cuando lograba alejarlo de los poblados, valían cada instante de dolor. No supe sino mucho tiempo después que él había entendido mi cometido. Yo quería que él fuera él.Y fue muy bueno siendo él. ¡Expelliarmus! Repetimos nuestra coreografía de combate en tantos lugares que nos volvimos una presencia infame en el reino. Es una escena que podría provocar un terror nauseabundo a cualquiera.Pero quedarme dormida ahí, en el campamento de mi nuevo amigo, fue una dicha que ni las camas aterciopeladas del castillo podrían aspirar a igualar.
Varita mágica Fuimos atacados en una de nuestras caminatas por una bola de legionarios, magos, cazadragones y quién sabe cuántos personajes más. El conglomerado de brujos no atacó de inmediato.Me interpuse. —¡Hey! Aguarden. Él viene conmigo. No siempre soy irreverente. A veces, soy cruel.Cuando noté que mi amabilidad solo existía en mi imaginación, descendí a la realidad. Tratar con buenos modales a un grupo así no tenía sentido. Lancé mi varita hacia ellos. No se inmutaron.Hasta que el trol hizo lo mismo con su garrote. Uno de los mercenarios novatos fue golpeado por el intento inocuo del trol de demostrar que sabía comportarse a la altura de cualquier situación. Eso fue lo único que entendió el grupo de cazarrecompensas. El trol no era lo que les habían enmisionado para matar.Así que no había recompensa que cobrar. Mercenarios de aspecto honorable. —Tuvimos suerte —le dije a mi amigo trol mientras levantaba mi varita del césped—. Los que vinieron tras nosotros venían a matarnos por egocentrismo, no por dinero.
Varita mágica
Un día desperté motivada.Se aproximaba un evento importante: mostraríamos nuestro elocuente espectáculo de combate en el bien organizado Festival Pieles Verdes, donde se conmemoraban las criaturas no humanas.Cuando noté que mi amigo no estaba, sentí un golpe seco en el corazón.Tengo este amuleto que dejó a un lado de la fogata. Cada vez que lo veo, lo recuerdo.Es mi acceso a esa memoria en la que hicimos contacto visual por primera vez y no nos atacamos, aunque solo fuera por unos instantes.
Varita mágica
























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