16. Herramienta
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 2 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica Antes de irme a explorar el llano, debía aprender ¡Glacius!, pensé. Esperé en el césped fuera del castillo, donde se ubica la oficina de la profesora de vuelo.Dormí plena.Soñé con aquel trol amigo mío y con otras personalidades del mundo mágico.
A decir verdad, rara vez sueño con rostros, y supongo que eso es mejor que soñar que caigo por un abismo interminable o que me enfrento a un demonio de otra dimensión. Cuando desperté y subí por las escalerillas a la oficina de Kogawa, ya había completado la primera fase de mi plan para incursionar al fondo de las montañas. Según pensé, ¡Glacius! serviría para enfrentar nuevas amenazas. Extraña estrategia de combate: resultó que no lo utilicé en el resto de la expedición. Antes de llegar a donde quería, me encontré con un pantano, nido de sapos gigantes. No podía —según mi propio paradigma aventurero— seguir avanzando sin terminar con este obstáculo que yo misma me impuse. Los sapos gigantes, en su entorno natural, son mucho más difíciles de combatir que aquellos que aparecen como plaga en los poblados. Aquí, entre una maleza que me superaba en altura, tuve que enfrentarme a ellos prácticamente sin rango de visión.Ya había internalizado sus patrones de movimiento, de reacción y de ataque. Fue fácil.Si es que puedo considerar fácil pasar días sin dormir: en trance, disociada, con hambre y sed; con las piernas fracturadas; los ojos emponzoñados por el vapor brumoso del pantano; los sentidos entumidos por el dolor constante; la mandíbula tensa. La varita se había vuelto un apéndice de mi propio cuerpo. Férrea.La empuñé como si hubiera nacido con ella adherida a la mano. No me di cuenta de que había terminado el trabajo hasta que, después de quién sabe cuántos minutos —o horas— apareció un pensamiento que no era imagen.Era una oración.Job’s done. Varita mágica
Varita mágica
El profesor Sharp, quien me había convertido en su aprendiz auror —en secreto y sin formalidad— me enseñó ¡Diffindo! mientras cortábamos, en porciones exactas, las cientos de lenguas de sapo que había traído. nota: ultraequisde Tenía al profesor impresionado con tanto botín de caza. Él era, pues, un cazarrecompensas de antaño. Un auror. Una vez que las provisiones quedaron colocadas en su sitio, los alumnos llegaron a la clase, interrumpiendo mi apadrinamiento tácito en el arte de ser una mercenaria mágica. Lo más remarcable de este día fue, sin duda, la mirada perspicaz de Sharp sobre mí…y mi mirada estoica en respuesta, justo antes de salir de su salón.Yo era como él. Pero solo un poco más joven.
Varita mágica


























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