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19. Infiltración inversa (te dejas usar para entender)

  • Foto del escritor: Kala Rico Pollo
    Kala Rico Pollo
  • 7 ene
  • 3 min de lectura

Actualizado: 7 may

Varita mágica Soy una exploradora bien rayos bizarra. No me cohibe en absoluto saber que Lodgok y Ranrok —familia, por seguro— quieren utilizarme para llegar a su objetivo primordial: el derroque de los magos. Ranrok, general militante del revolucionario ejército goblin; Lodgok, su inteligencia secreta. Malditos, los odio, sí. Pero hay algo en mi gallardía (recién descubrí esta palabra) que me lleva a querer ver su plan en acción. Desmantelado por mí, por supuesto. Valentía y osadía son la combinación que marca el paso por las catacumbas de la bruja-no-sé-quién, custodiadas por un montón de cadáveres olvidados que, al tacto con ¡Incendio!, se vuelven más fáciles de amansar que un puffskein —que, por cierto, ya atrapé un par. Encontré el Yelmo. Probaría que Lodgok era de suficiente valía para aliarse de manera directa otra vez en los planes de su hermano Ranrok. Tal vez solo sean suposiciones mías, pero cuando veo este pedazo de yelmo inútil, de un goblin loco de antaño que se creía superior a todos, vuelvo a ser generosa conmigo misma: tal vez tenga razón en mis sospechas y, por tanto, debería apresurarme a salir de este vejestorio de mazmorra que no impone reto ni a un estudiante de primer año. Lodgok era muy malo para mentir. Cuando le di el objeto, su semblante y su tono de voz cambiaron: como el de aquel que ve derrotado y en el suelo a su rival, y sabiendo que no puede ser golpeado de vuelta; Me pidió que me fuera. Y así lo hice. Varita mágica 

Varita mágica La Sala de los Menesteres se había vuelto mi panel central de movimiento. De un extremo a otro, dando saltos cortos, como si cada metro avanzado aquí fueran cientos de kilómetros fuera de ella. Tal vez esta analogía no esté del todo incorrecta. Inmensas, gigantescas, colosales, enormes, inmensas otra vez… En realidad, las mesas de cultivo y las estanterías de pociones medían metro y medio de largo, pero aquí, en la Sala de los Menesteres, todo es válido siempre que lo pidas con ahínco. Y supongo que necesitaba imaginar esta sencilla base de operaciones como un universo propio; uno necesariamente grande. Creo que Deek, el goblin —a quien proclamé dueño intelectual de todo Hogwarts—, me notó súper engranada con mi sistema de alquimia, jardinería y peletería amateur. Observó una jovialidad rara en una persona de tanta experiencia. Me divertía tanto haciendo pociones de efectos absurdos, combinando todo tipo de plantas y manufacturando mi propia ropa, que aún no sé qué fue lo que lo hizo cambiar de actitud hacia mí… pero habló.Me mostró cómo cazar animales salvajes con el Trincasaco.¿Cazadora furtiva yo?Pensábamos que los animales del bosque estarían mejor en nuestra ranchería que con los cazadores furtivos contemporáneos, que ya no discriminaban nada con tal de hacerse de lo que fuera.Si bien Deek tenía su soberbia bien oculta detrás de su estilo tranquilo tan característico, mi resolución lo hizo titubear. Noté en su caminar una traba; esa que me dijo, con lenguaje corporal: no estás dentro del esquema que sigo. Ultimadamente, me has sorprendido.¿Cazadora furtiva yo? Los introyectos sociales —esos que dicen que todos los criminales son malos siempre— en mi cabeza no hacen molde, mucho menos figura. Me ha tocado ver monstruos destructores de mundos volverse tiernos cuando piensan que nadie los ve, sobre todo con sus mascotas.Y bien, si encontraba por el camino a algún malhechor que no estuviera dándole los cuidados delicados que los puffskein necesitaban, no pensaría dos veces en usar mi Trincasaco. Varita mágica


 
 
 

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