2. Inmersión: flujo sin conflicto.
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 5 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
Mientras realizaba mis estiramientos diurnos, observé un par de pósters que llamaron mi atención.Los Cañones del Quidditch… uno mostraba a algún jugador de antaño que había logrado convertirse en la cara del equipo. Al otro lado del dormitorio, otro igual, de un equipo distinto.—Chidos batos que vuelan —me dije, antes de desaparecer del dormitorio.Mi forma de descender es naturalmente mía.Las escaleras —esas superficies casi siempre artificiales, creadas para conectar distintos planos—.Ese día, sin duda, descendía por una de esas escaleras: de las que te conectan con otros planos de existencia, no solo con el suelo.
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La subdirectora Weasley —creo que así se escribía su nombre— se movía con naturalidad dentro de un cardumen de estudiantes de quinto año. Lo extraño fue que recibió, de su propia mano, a la nueva estudiante recién trasladada el día anterior.Si hubo algo de desasosiego en aquella escena matutina inesperada, todo volvió a su cauce cuando los estudiantes notaron que Weasley simplemente cumplía con informarle a la nueva dónde se encontraban los tutores y cuáles serían sus tareas de aquí en adelante.No parecía un trato especial. ¿O sí?
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Mi presencia. Amo mi propia presencia en lugares recónditos que no están acostumbrados a mi energía disruptiva. Controlada, lo suficiente —eso sí— para aprender Accio, un hechizo parecido a las fuerzas magnéticas.Cuando demostré —y con esto quiero decir que me lo demostré a mí misma— que tenía la capacidad de canalizar magia en objetos, me sorprendí tanto como el profesor Ronen.De inmediato, sin perder la elegancia ni el ritmo, el profesor nos condujo al patio junto al anexo de la biblioteca. Quería medirme. Ya había notado que tenía capacidad… pero ¿cuánta?La chica de Uganda fue impuesta como mi rival en una competencia. A decir verdad, fue una disputa intensa y provocativa. Creo que esa es la mejor palabra para describir el sentimiento de mis nuevos compañeros al observar que yo solo estaba jugando a jalar objetos. Y que, a pesar de haberme mantenido a raya en su importantísima contienda de habilidad, no me interesaba en lo más mínimo medirme con nadie.—¡Empate! —dijo Ronen, entusiasmado por la nueva energía que comenzaba a circular en sus clases de magia.
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La clase de Ronen terminó. Algunos compañeros salieron por la puerta y, en unos cuantos, alcancé a ver el reluciente resplandor de las llamas Floo con las que se teletransportaban, seguramente, a su siguiente clase.Pensé para mí: confío en mis pies.Y comencé mi recorrido hasta no sé qué parte del castillo, donde encontré a un grupo de estudiantes esperando a la maestra de Combate contra las Artes Oscuras.No hubo ningún tipo de preámbulo.—Tú, nueva. Sube y combate contra Sebastián.Reglas simples: solo se permitía usar Protego, ataques básicos y el hechizo de Levioso.Aprendí el último mientras colocaba mis pies sobre la mesa que servía de arena de combate.Resistí los ataques de mi rival, Sebastián, hasta que el intercambio se volvió monótono. Entonces ataqué. Me contuve… y lo derribé.—Entre poderosos nos entendemos —dijo Sebastián cuando la clase terminó.
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Imposible sorprender a la subdirectora del castillo mágico, por más que intentara volverme sigilosa.—He terminado mis tareas de hoy —le dije—. ¿Me ayudará a reponerme en suministros tras aquel ataque imprevisto que destruyó mi carruaje?Había algo muy sutil en la conversación entre la subdirectora y yo: cuando me dirigía a ella, no existían jerarquías… al menos cuando nadie nos observaba.—Ve a buscar a Sebastián —respondió—. Él estará encargado de ti hasta que repongas tus pérdidas.Dios.Cuando observé las montañas a través de los vitrales, me sentí diferente. Una urgencia extraña por olvidarme de todo y perderme en aquella cordillera infinita. Solo fue un instante de deseo.Entonces Sebastián me devolvió a la realidad y me acompañó hasta el pueblo vecino, Hogsmeade.
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Sebastián era un muchacho poco egocéntrico, a pesar de que siempre hablaba de sí mismo. Notaba que, cuando yo hablaba de mí, su personalidad se volvía inmersa en mis anécdotas, como la de alguien que realmente disfruta la compañía de otros… y creo que, en especial, la mía, después de aquel encuentro duelistico reciente.Así que cuando llegamos al centro de Hogsmeade y me dijo:—Tengo que ir a buscar unos encargos para mi hermana—entendí que lo hacía con intención. Que estaba pasando un buen rato dejando a la novata sola en el pueblo, para luego reencontrarme y hacerme preguntas.
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Óptimo movimiento: primero al sitio más cercano y luego en línea recta por los demás objetivos que Sebastián había marcado en mi oráculo improvisado.Mercaderes.Mi tipo de personalidad favorita con la cual interactuar, desde siempre.El señor Thomas, dueño de un puesto de muebles y facilities —muebles de taller—, me dio algunos consejos sobre cómo usar los hornos para fundir material y esas macetas que estaban tan de moda. Entendí que esa era la forma de generar recursos y transmutarlos en otros de mayor valor en este mundo.Después me dirigí a la tienda de varitas de los Olli’s. Fui una clienta más, como cualquier otra, y eso me resultó profundamente reconfortante. No había peso ni responsabilidad en mis primeros movimientos por este nuevo mundo. No era la heredera de ningún reino arruinado ni la única superviviente de una tribu arrancada de raíz… solo era una estudiante de magia normal.Y, vaya, eso es reconfortante. Al menos por ahora.Pasé por la molesta tienda de Pippin, el boticario. Compré lo que tenía que comprar.Luego saludé al señor de las verduras —qué calabazas tan gigantescas— y regresé al centro para buscar a Sebastián.Y en algún punto, mientras me dejaba llevar por estos nuevos senderos, olvidé mi aspecto real.Olvidé que era una infiltrada de cabello verde y energía disruptiva.Este disfraz, felizmente, era el yo más verdadero que había tenido en mucho tiempo.
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Ahora era yo quien había perdido la desconfianza. Jalé a Sebastián hacia un puesto que me llamó poderosamente la atención: objetos de colores pastel que giraban y danzaban en coreografía detrás de un mostrador de cristal…Cuando Sebastián y yo avanzábamos hacia la tienda contigua, un guerrero de tamaño colosal saltó hacia nosotros. Los citadinos, autoconvertidos en milicia, lograron sacar al atacante fuera del pueblo… pero entonces su guardaespaldas —del mismo tamaño y ferocidad— entabló combate directo con nosotros.Tuve una visión: yo, desequilibrada, aplastada por aquel soldado y su equipamiento antimagia.Supe cómo perdería la pelea.Y por tanto, supe cómo evitarlo.Tras debilitarlo junto a Sebastián, convoqué, a través de mi nueva varita, una técnica de otro mundo.—¡FINAL_INT!—El objetivo que atentaba contra mi vida fue desmaterializado.El hechicero sheriff del pueblo, sin saber realmente qué había ocurrido, nos puso a limpiar el desastre.—Reparo —gracias, Ronen.No hubo tiempo de volver a aquella tienda, que al final resultó ser un puesto de algodones de azúcar.Al retirarnos de la escena, sentí algo más.Una presencia oculta.Algo que nos alcanzó una vez que llegamos a la taberna de Las Tres Escobas.Y ante la amenaza latente de quien fuera que nos seguía, utilizamos el fuego Floo para regresar a nuestra habitación en el castillo.Y lo mejor de todo ese día, sin duda alguna…volver a sentir la caricia aterciopelada de la cama.
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