20. Intervención consciente (eliges involucrarte)
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 3 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica Liberé a la criatura encerrada en la jaula antimagia de los Cazadores Furtivos. Si bien era antimágica, no fue lo suficiente como para disuadirme en mi octogésimo intento de ¡Alohomora!
Cuando el candado cayó, sabría lo que ocurriría naturalmente, el animal huyo del lugar y yo también.
De mi varita salió una chispa distinta en el momento que detecté con el rabo del ojo, aquel animalito simpatico, que me observa erradicar sapos en la orilla del mar. Como diciendo: sé lo que hiciste por mí y te lo agradezco mientras te observo de lejos. Agité mi sombrero, como habitante de ranchería. y tomé rumbo por el aire hacia Sebastián, quien me había llamado.Ya sabía para qué.
Así que, sin prisas, descendí sobre el pico más alto de la montaña más cercana y comencé a correr, con tranquila vertiginosidad, hacia donde él moraba esos días: Feldcroft. Varita mágica
Varita mágica Twiddle. La titánica mujer que, tras el obstáculo, adquiere por duplicado el impulso apagado. Desmenucé el alma de esta habitante de alguna parte de Feldcroft antes de llegar con Sebastián. Me invitó a tomar el té; dijo ella:—Te pareces mucho a mi difunto esposo, interesada en todos esos acertijos que hay alrededor de nuestro pueblo. No lo sé. Tal vez Twiddle tenía regresiones de una vida pasada; y con esto quiero decir que recordaba la buena compañía de un ser amado precisamente cuando me escuchaba hablar sobre mecánicas mágicas y rompecabezas. Terminé mi té. Sabía que era hora de irme, pues la formalidad que conozco es así. Eso sí, hay un truco en esta situación: siempre podía volver cualquier otro día y pedirle otra taza.Y así justificaría mi tiempo con Twiddle. Para almas como esta —y lo sé solo por los símbolos de su nombre—yo no soy más que una amiga más. Varita mágica
Varita mágica Me puse el uniforme de la escuela de magia. Qué emoción: mirar, tal vez, a quien fue mi único amigo en ese castillo. Cuando vi a Sebastian sobre una especie de atalaya rudimentaria, con botellas dispersas sobre los tablones de madera que la conformaban, pensé que había estado bebiendo. Pero no. Justo antes de que la ansiedad lograra concretar esa idea, Sebastian me saludó con un semblante muy distinto al que mostraba siempre en la institución. No me adelanté esta vez. Lo dejé ser. Me presentó a su tío y a su hermana, por quienes —en parte— nos adentramos en la sección prohibida buscando una cura para una maldición desconocida. La escena que ocurría muy a menudo volvió a presentarse, y yo fui únicamente espectadora. Sabía que esto se repetía, pues la fricción que se formaba entre los habitantes de ese hogar en Feldcroft se disolvía con la misma fluidez con la que surgía. Habían discutido quién sabe cuántas veces sobre si Sebastian debía dejar de intentar curar a su hermana. Fuera lo que fuera, yo siempre estaría de su lado. Literalmente: lanzando ¡Confringo! sobre todo aquello que se nos presentara como obstáculo para conocer la verdad de qué fue… y cómo resolverlo. Varita mágica
Varita mágica —Descuida, puedes continuar. No hay forma de que me sorprendas más— dijo Sebastian, a la mitad de otro de mis vomitadizos discursos sobre magia ancestral. Él sabía que yo no pretendía nada en absoluto con mis explicaciones; que asentara en silencio me permitía continuar con más calma, como si mis palabras no necesitaran justificarse.—Una maestra del castillo mágico vivió aquí— continué, relatando la visión que tuve cuando arribamos al lugar donde Anne fue maldecida.Ya conocíamos los hechos: Anne se entrometió durante el asedio a este hogar, igual que lo hace su hermano menor casi siempre, y fue atacada con una crueldad despiadada. Cuando terminé de relatar lo acontecido en estas ruinas, el espejo de piedra reaccionó ante Sebastian y ante mí. Era un portal directo hacia el castillo. No encontramos nada más. Sebastian había fracasado tantas veces en su búsqueda de una cura que ya no se inmutó en ánimo alguno. Me chocó los puños y se marchó.—Iré a revisar otra vez cuanto antes, amigo.
Varita mágica




















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