25 .Costo de servir (oscuridad de la bondad)
- Kala Rico Pollo
- 10 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
—Hola… —repetí.—Hola…
Había hecho esto en tantas cuevas que, hoy en día, después de ser atenta con mi movimiento, reafirmo que saludar al recinto me revela el camino. Al eco de mi voz se le añadía una disonancia. Por ahí es, entonces.
Pasaron pocos instantes después de sacudirme telarañas repetidas veces y de salir de varios nidos de araña hacia otras cámaras dentro de la cueva. La Araña Madre se mostró. No sé si la interrumpí en alguna de sus caminatas diurnas o si en verdad fue a enfrentarme.
—Hola.
Mi saludo infantil fue pisoteado por el sonido palpitante de las crías y de las arañas adultas. Luego terminé de ser destruida por la Araña Madre:
—Kala Bridge, sabemos quién eres. Nosotras sabemos todo.
Cuando el monstruo se pone intenso, lo mejor es darle la vuelta.
—¿Ah, son una sociedad? —hice una pausa larga, pues lo preguntaba en serio—. Ah, sí… ¡son una sociedad de arañas!
Empecé a caminar con apariencia inocua, saludando a las arañitas bebés y colocándome el sombrero, la gabardina y los lentes de un esqueleto. Estaba ganando tiempo, lo suficiente para guardarme el lugar en la mente.
La araña contuvo su instinto asesino, lo que me permitió dar otra réplica. Después de verme con el traje completo, me asemejaba, en mi distorsionada mente, a una araña. En esta resolución pregunté:
—¿Me les puedo unir?
Quedarse totalmente quieto, ya sea para intimidar o para prepararse para un ataque… qué terror. Seguí rompiendo el tenebroso momentum de la Araña Madre.
—Debe haber algún lugar donde sus ojos de sociedad arácnida no alcancen a ver. Podría serles de ayuda: encontrar nuevas zonas de caza… nuevas guaridas, alertarles de peligros, remodelar las cuevas…
Vomité verbalmente, como suelo hacer.
Nada.La arañota se quedó ahí, tan inmóvil, que empecé a marearme.
La violencia no es buena, personalmente lo declaro. Pero cuando no hay lenguaje… pues, ¿qué rayos?
—¡Confringo!
Varita mágica Varita mágica
Si bien me autoproclamo duelista excelsa, eso no es, en ciertas ocasiones como esta, suficiente.
Me malogré el inventario, pues expelí todo lo que tenía en mis bolsillos en las arañas y su sociedad: pociones pararayo, pociones de invisibilidad, tentáculos venenosos, pociones edurus y todo lo que mi estómago aguantó de pociones herbovitalizantes.Me excedí un poco, sí.
Todavía no terminaba de calentar la varita a base de —¡Incendios! y —¡Confringos! cuando la sociedad desapareció. No sé si en el trance jovial las derroté a todas, o qué diantres pasó en esa fiesta. Pero, bueno, encontré lo que buscaba: a Tobb, el amigo de Deek, por quien me encomendé a rebuscar en esta cueva.
Y aquí escribo lo primero que pensé cuando me senté en la Sala de Menesteres con mi bitácora:
Ser amable, a veces envuelve cosas muy oscuras.
Estas escenas donde me postro frente a un cadáver… una y otra vez —frente al amigo de Deek, en este caso— se vuelven muy comunes entre más te dispones a servir al mundo.Amar no es fácil.
Convoqué una poción pararayo como ritual funerario para Tobb, quien había perecido ante la sociedad arácnida.
Aquí es donde decido no ser esa mensajera de noticias fúnebres.
Varita mágica Varita mágica
Otro muerto más frente a mí. No suelo tocarme la cara, pero vaya… qué fastidio. Supongo que por eso está prohibido este bosque. Me di la vuelta para anclar la imagen de la salida de la cueva, por si tenía que regresar por ahí; luego procedí a buscar algo para distraerme.
—¿Hola, los puedo acompañar? —le pregunté al líder centauro, después de que acabaron con un grupo mal posicionado de furtivos.
Nadie dijo nada. Solo yo.Necesitaba algo para distraerme.
Continuamos avanzando a trote largo hasta que, naturalmente, mis pies encontraron su distracción: una taberna de furtivos.
Los cazarrecompensas, en general, son mi tipo perfecto de compañía: siempre encimismados en su propia existencia y en sus planes. Yo quedo en segundo o tercer plano, sin tener que preocuparme de rubros de buena convivencia. Bebiendo en paz.
Me dieron un empujón, cortando uno de mis estúpidos chistes improvisados.
Ya tenía la varita en la mano cuando me reincorporé.
—¿Qué carajos hace ella aquí? —dijo el más grande.
Otro de los secuaces del bravucón añadió:—Es Kala Bridge, la destructora.
—¡Pues tú eres Lacayo, el cobarde! —le apunté con mi mano libre hacia atrás, al pequeño grupo exaltado por mi presencia.
Claro que me enojé. Estaba muy cómoda charlando sobre afilar cuchillos, rutas comerciales perfectas para reincorporarse en monedas, las nuevas casas de citas… Todo el mundo furtivo es de disfrutarse, aún más si te lo cuentan de viva voz.
Sabía que no había la elocuencia, ni el ánimo, ni nada realmente para llevar más allá este encuentro tan cercano entre los furtivos y su más grande enemiga. Así que solo caminé hacia fuera de la gran carpa y me despedí sacándoles la lengua, pues me habían arruinado la fiesta.
Arriba, en una colinita gélida cubierta de césped y nieve, un grupo de mucha más experiencia me llamó. Me invitaron al fuego.Ellos sabían lo mucho que me gusta escuchar, a pesar de nuestra gran divergencia como exploradores del mundo.
Varita mágica Varita mágica
—Rayos, sí eres bien épica, Poppy —avancé mi voz y mi mirada sobre la alumna de Hogwarts mientras nos preparábamos para nuestro último asalto hacia los furtivos y sus peleas de dragones nefastas (para mí, realmente divertidas).
Bonita niña que se pierde en el invierno, en el Bosque Prohibido, con tal de sentirse héroe. Es una cosa que, bueno, no entiendo. Eso del heroísmo no me cuadra, ni me trianguliza, ni circula… ni nada. De hecho, creo que es una total falacia que encuentro en todos los mundos que exploro.
Pero bueno, es una niña. Si quiere arriesgar su vida con tal de sentir adrenalina, es su problema.
Lo único que a mí me compete es evitar que me diga —ya sea Arn, o mi propia consciencia—:La estudiante a la que decidiste no acompañar pereció ante los furtivos.
Suficiente motivo para acompañarla en su larguísima juerga improvisada. Y así, hasta que estuvo segura, relativamente lejos del peligro.
Me duelen los pies.
Varita mágica

















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