27. Resurrección simbólica (mueres como tú, continúas como algo más)
- Kala Rico Pollo
- 12 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
Hacía mucho frío. El frío del mundo mágico es brutal, y aún más cuando una especie de araña venenosa marchaba —tal vez en un movimiento migratorio— por el bosque nevado. En mi tranquilidad saltó una idea coherente: me faltaban colmillos de araña y pieles de lobo para mis recetas de pociones. Ah, por ello.
Ah, que tenía que tener cuidado en cómo destruía a la araña, porque si la maltrataba demasiado en el combate, el recurso que trataba de extraer al derrotarla se dañaba y se volvía inservible.
Ah. Entonces a matar arañas, con delicadeza.
Ese mental, en el que controlaba mis movimientos por autopropulsión y egocentrismo, me hizo perecer en el combate. Un colmillo de araña, de una que todavía se defendía patas arriba, me alcanzó el brazo. En el percance, y tratando de salir de la zona peligrosa, otra más me alcanzó… y quién sabe cuántas más hasta el camino de regreso al castillo.
La tormenta de nieve me ocultaba ante la guardia del castillo, prolongando el tiempo en el que no recibía asistencia médica. El veneno había terminado conmigo.
Recuerdo los barullos en la enfermería. Yo, ciega, escuchando mi nombre repetirse por distintas frecuencias de voz: unos lloraban, otros me maldecían. Tanto humor atónito y desconcertante acerca de mí.Kala Bridge, la destructora; la salvaguarda de Hogsmeade; la rescatista de hipogrifos; la encantadora de sapos.Había sido vencida por unas simples arañas en el invierno.
El estudiante que me cuidaba, en mi lecho de muerte, tuvo esta increíble humildad —esa buena voluntad— de preguntarme cuál era mi último deseo.Le dije:
—Tráiganme a Sophronia Franklin.
Varita mágica
Varita mágica
Días antes, había estado conversando con una estudiante muy sabelotodo: Sophronia Franklin.
Ella me había hecho responder una trivia sobre el mundo mágico con tal de decirme dónde había ocultado un libro que yo necesitaba personalmente. Bien pude haberle sacado la información como en mi barrio, pero soy muy distinta a la gente de mi ciudad natal. Escuché todo lo que tenía que decirme; fui más que paciente con esta niña: fui inquisitiva. Traté de vaciarle el conocimiento en una sentada que di en la biblioteca, pero ella sabía tanto que el toque de queda no me permitió hacerla escupir todo lo que tenía guardado.
En mi agónica muerte la llamé, para ver si en esta ocasión ella podía decirme lo que le faltó por decirme aquella vez.
Sophronia, no sé si llamarla inmadura, porque cuando me vio en mi estado se olvidó de ella misma. Dejó de ser Sophronia la sabelotodo para convertirse en la última alma que conversaba con Bridge.
—¿Puedes hacerme más preguntas sobre tu trivia, Sophronia?La voz de alguien que ha sido envenenado a muerte resuena distinto en las fibras de la gente joven.
—Claro —me dijo—. ¿Sobre qué te gustaría que habláramos?
—¿Conoces a alguien como yo? Que haya pasado por este castillo y que… bueno, haya perecido como yo.
Franklin fue franca y me dijo:—Sí. Conozco a una bruja emblemática de generaciones pasadas llamada Herodiana.
Dicen que se desterró ella sola. Siendo tan fuerte, nadie sabe qué fue lo que realmente pasó con ella.
—¿Puedes llevarme a algún recinto donde ella morara?
—De hecho, sí. Hay un lugar que fue encantado por la mismísima Herodiana, donde se dice que se guardan sus objetos personales. Claro está que solo alguien de poder equivalente podría andar por su Sala de Menesteres personal.
Le extendí la mano, con mi piel blanca como la nieve, con mis venas bifurcadas y mis arterias rojas suplicando por una segunda oportunidad.
Entonces, aquí es.
Saqué mi varita. Se me cayó. Sophronia la alcanzó por mí y me ayudó a apuntar hacia la marquesina de Herodiana sobre lo que supongo fue la pared de algún pasillo.
Entonces lancé el ¡Depulso! más silencioso que se había casteado.
La puerta se abrió.Éramos dignas.Por lo menos, de entrar.
Varita mágica
Varita mágica
Yo no soy Herodiana. Pero los ángeles que aún moran por aquí, en el bosque nevado, al verme vestir sus prendas personales, se confunden. Respingan.
—Hey… ¿no es esa Herodiana?
¿Peleando otra vez contra las arañas venenosas?
Reitero que yo no soy Herodiana. Pero para las arañas, para el bosque y para este mundo, esta vez la historia de esa épica maga sería distinta.
Precisamente esta vez, Herodiana vencería a las invasoras venenosas de su bosque favorito.
Varita mágica Varita mágica
Después de limpiarme el cuerpo a base de alcohol y risas en la taberna colina abajo —esa que no sé cómo se llama, misma razón por la que me gusta estar ahí— quedé liviana.
En la mitad de nuestra conversación, que ya se volvía típicamente elocuente solo para duendes cultos, Lodgok me inquirió algo que sería la médula espinal de nuestro siguiente plan:
—Trae a alguien que sepa hablar duendigonza.
Yo, ebria por la victoria que tuve sobre aquellas malditas arañas —más que por el alcohol— respingué de inmediato, como ese personaje inhibido y desinhibido a la vez que responde con demasiada honestidad.
—¡Ah, sí! Mi amigo Thakkar es buenísimo con el duendigonza. Nunca deja de hablar como duende —añadí falsamente, siendo irónica conmigo misma.
Mi forma embriagada es de lo más bizarro, lo admito.
Cuando Amit Thakkar, el estudiante prominente de astrología, me notó con esta lúgubre sonrisa en el rostro al deshacer el hechizo desilusionador frente al grupo de goblins que guardecían los almacenes de registros —los cuales teníamos que extraer— se me quedó mirando con la mirada perdida en las estrellas.
Mientras los goblins gritaban y se preparaban armándose con las hachas sobre los taburetes y estantes:
—¡Es la Destructora!—¡Es Kala Bridge! —se unía otro grito a lo lejos.
Le dije a Thakkar, casi con ternura:
—Ahora sí. Podrás aprender el verdadero idioma de los duendes.
Varita mágica

















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