3. Descubrimiento del sistema: reglas y mecánicas
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 3 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
Desperté y, sin pensarlo demasiado, bajé por las escaleras con la tranquilidad de cualquier otro alumno de quinto año. Me interné a pie en busca de Fig hasta encontrarlo en la torre de Astronomía.Fig no se anduvo con rodeos —nunca lo hace—. Me jaló hasta uno de los escritorios con esa energía que ya comprendía: no perdamos tiempo.Había cosas en este mundo que reaccionaban a mi presencia. Fig siempre lo supo, y por eso nunca desistió en acercarse a mí durante las juergas de mi ciudad natal.Supongo que Fig, como el resto de este universo, supo que había algo en mí.Aunque yo, a decir verdad, aún no sé qué es.
Varita mágica
Varita mágica
Habíamos encontrado otra fuente de energía ancestral cerca de la biblioteca. Fig, sin embargo, me antepuso una misión antes de dejarme incursionar en los secretos más hondos del castillo.Me convenció de que debía aprender todo lo que estuviera a mi alcance antes de aventurarme en esos pasadizos ocultos que, con seguridad, no habían sido transitados por nadie… y mucho menos por una novata.Así que comencé las misiones de la (secreta mercenaria) profesora Dinah Hecat, con tal de que me enseñara a lanzar fuego con la varita.
Varita mágica
Varita mágica
Había de practicar duelos con Sebastián como parte de las misiones.Y entonces ocurrió algo familiar.Me encontré siendo yo misma; en mi esencia más pura, cada vez que existe un rival y cualquier lugar se transforma en campo de batalla.Qué felicidad: poner a prueba mi tiempo de reacción, rozar mis límites mentales con los dedos, sentir su textura y deslizarme por esas barreras de tiempo donde mi visión y mis extremidades se vuelven unidad de medida.Bendita vida.Bendita competencia.
Varita mágica
Varita mágica
Cuando terminé de erigir esa estructura mental —rudimentaria, pero suficiente— que delimitaba la arena de combate, avancé y vencí.Y entonces ocurrió lo mejor: más contendientes.Cuando la mezcla entre movimientos ajenos y propios se vuelve legible, avanzo buscando aquello que pueda alterar la fórmula. Si aparece una variación, me adapto. Si surge una nueva mecánica, la incorporo.Pero cuando ya no detecto ningún escenario distinto que fracture mi defensa, entonces ataco.Ataco siguiendo mi coreografía establecida, sin perder nunca el rastro defensivo.El enemigo, privado de alternativas, queda reducido a una sola opción:ser derrotado por mí.
Varita mágica
Varita mágica
Entonces el sparring terminó, y Lucas —el Organizador de Torneos— me permitió afilar por completo mi nueva varita de alerce, probándola contra unos dummies pacientes y mudos.Saludé y me despedí de mi colega Sebastian, y emprendí el camino para buscar a Hecat.En el trayecto me topé con una entusiasta de las Llaves Daedalianas. Parecía ser un tabú entre los estudiantes, algo que se observa pero no se toca… y yo, por supuesto, me atreví a manosearlo. Literalmente.Las llaves, concebidas como una prueba de habilidad increíblemente exigente —y aparentemente injusta—, resultaron para mí un acto de jovialidad y sosiego.Cuando ya iba por la segunda, el castillo tembló… y fui succionada a otra dimensión.Al volver a mi cuerpo y al mundo material, todos mis espectadores habían desaparecido.Tal vez —pensé con seriedad— el castillo no soportó tanta genialidad concentrada.Seguí cavilando mientras alcanzaba los dominios de la profesora Hecat.Las Llaves Daedalianas —esas llaves con alitas que vuelan— habían sido, todo este tiempo, un método de entretenimiento casual y divertido para los estudiantes.Que yo llegara y las hiciera parecer tan fáciles como beber un vaso de agua… quizá no les sentó bien.—¡Profesora Hecat!Al llegar a su aula, le pedí permiso para descansar en uno de sus taburetes. El combate me había dejado exhausta.La profesora lo supo todo sobre mí con solo mirarme.Asintió con la cabeza, dándome permiso para dormir.Y así lo hice.
Varita mágica












Comentarios