30. Consagración operativa
- Kala Rico Pollo
- 15 ene
- 3 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
¡Tuk!
Al primer movimiento de la llave daedálica, la hice entrar.
Hubo aplausos —no estruendosos, sino de reconocimiento—, una mezcla de humildad y sosiego.Yo era aquello de lo que se rumoreaba.
Los alumnos de primer año, recién ingresados, me observaban con esa fe intacta que solo se tiene al principio: la idea de que, con suficiente ahínco en los estudios, ellos también podrían llegar a ser así de hábiles algún día.
Varita mágica Varita mágica
Cuando Sophronia Franklin, mi mejor amiga, terminó su larguísima trivia, me dio el visto bueno.Ese que no se otorga a la ligera.El que dice: puedes quitarte la ropa de héroes antiguos; eres digna de ser tú.
La sucesora del paradigma de los magos aventureros.La siguiente en escena, después de tantos hilos de aventura osada y riesgos calculados.
Recibí la aprobación de quien sabe todo lo que se tiene que saber y, aun así, no encuentra falla.Fui la excepción a la regla para Sophronia Franklin, quien se autoproclama —con justa autoridad— celadora del portón hacia el siguiente nivel.
Y bien: ya necesitaba ponerme ropa ligera.Enmisionarse con ropa pesada —vaya la redundancia— cansa.Yo no estoy hecha para moverme por el mundo sin eficiencia.
Cada partícula de energía cuenta cuando luchas contra colosos.Cuando la tarea es inmensa, cada diminuto centímetro no optimizado termina pesando.
Y, rayos…qué gusto usar mi propia ropay no la de algún difunto.
Varita mágica Varita mágica
Vaya. Mi amigo Sebastian se molestó muchísimo cuando le dije que Lodgok, el goblin de ideologías distintas, así como Arn, el pintor, no eran precisamente malvados.
Entonces vi con mis propios ojos la cólera destructiva de aquella visión que tuve en la península Cabo Menor.Recordé en qué terminarían las cosas…
No tengo más que decir al respecto.
Varita mágica Varita mágica
¡Flipendo!
Buen hechizo para control de masas y, al mismo tiempo, con potencial dañino. Me quedé pensando al lado del muñeco de pruebas de la profesora Garlick. Sí, seguía aprendiendo nuevas habilidades y acumulando artillería cada vez más pesada, aunque dudaba de que me fueran a ser útiles.
Dudaba, precisamente, de encontrar algo que fuera lo suficientemente fuerte para pararme en seco con todo lo que llevaba en los bolsillos. Este pensamiento es repetitivo y siempre termina con la misma imagen.
La mía, enfrentando a un dragón salvaje.
Ahí… bueno, tal vez ¡Flipendo! sirva de algo.
Varita mágica Varita mágica
Me miraba bajo los vitrales hermosos del andador hacia la oficina de Fig. Nerviosa. ¿Por qué?Me limpié unas gotas de sudor de la frente. El nerviosismo que sentía no tenía explicación.
Toda esa efervescencia se esfumó, como le ocurre a quien se prepara para un torneo y, al momento de combatir, se olvida de sí: se vuelve estoico, inmune a los errores que provoca el nerviosismo en cualquier tipo de performance.
Eso sucedió cuando empecé a lanzar ¡Confringo! y el resto de mis habilidades al aire, mientras Fitzgerald, Rookwood y Rackham me observaban en absoluto silencio desde sus retratos en la Cámara de Mapas.
Utilicé mis movimientos en una especie de sparring o danza folclórica. Les mostré cómo había vencido hasta ese momento: con rodadas, lanzamientos de hechizos a ciegas, potenciándome en los puntos ciegos del rival… Repetí todos mis combates. Como si hubiese llevado una bitácora de cada uno y la estuviera releyendo frente a aquellos guardianes que, aunque no lo decían, yo sabía —en el fondo de mis entrañas aún nerviosas— que no era la primera en intentar ayudarlos, y temerosamente, quizá tampoco la última.
Por eso mostré mi fuerza de combate ya ultimada.
¡Bombarda!
Cuando la coreografía terminó, avancé hasta Fitzgerald, la exdirectora, quien se volvió más formal en su trato al indicarme cómo llegar a la siguiente prueba.
Aunque yo era una infiltrada en su mundo.
Tal vez necesitaban una infiltrada para resolver esto.
Varita mágica Varita mágica
La siguiente prueba de los Guardianes estaba en la habitación del director Black.
Ja-ja. Me reía en mi mente, después de haber recorrido el castillo con el cuerpo del director tras engullir toda la poción multijugos de Fig.
Ja-ja, repetía. Soy Black.
Aquí sí soy sincera: me río. Me río por un gran maestro que, aunque siempre me desdeñó como una más de su grupo de amigos, yo lo estimo como amigo. Me río por recordarlo a él y a mi ciudad natal, donde se me enseñó a ser ruda, mordaz e irreverente frente a un mundo hostil.
Su nombre era Black.
Pipen Black.
Varita mágica














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