31. Integración de la sombra
- Kala Rico Pollo
- 16 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 8 may
Varita mágica
Aproveché mi transformación multijugos del profesor Black para hacer un anuncio frente al comedor, en su hora de mayor apogeo. Tal vez era durante los exámenes finales de invierno; lo supongo por el ánimo de los alumnos: ese que aparece cuando las tareas ya han sido completadas y se abre un tramo jovial dentro de su estadía en Hogwarts.
—¡Habrá un mes de celebración!La primera casa en festejar será Ravenclaw. Preparen los adornos y las festividades acordes a su casa.
Cuando soy así de espontánea me doy cuenta de mi verdadera naturaleza.
Pura disrupción.
Varita mágica Varita mágica
Cuando entiendes las mecánicas fundamentales de cualquier sitio en el que estés, el esfuerzo para mantenerte en movimiento es prácticamente nulo. Esto abre un abanico de posibilidades para el buen aventurero de universos.Cuando todo el mental está encausado no hay distracciones; la visión es clara para mí, en lo particular.
Lograré resolver este misterio tan ancestral de la magia, pues ya no tengo obstáculos.
Isidora Morganach.Sé que estás por ahí. No sé con qué atributos te mantienes viva, pero el hecho de que no te encuentres en tu propio retrato, como los demás guardianes de la magia ancestral, me deja algo en claro.
Te voy a encontrar.Y te voy a enfrentar.Con mi propio tipo de magia antigua.
Varita mágica Varita mágica
Antes de esta resolución, tuve que pasar por la prueba de la Directora Fitzgerald.
Vaya… estas casas, este pueblo, son muy, muy antiguos. Pensé esto mientras recorría, en forma de espectro blanco, el centro de un pueblo que —por la infraestructura de las viviendas y los materiales con los que todo estaba construido— delataba claramente la época en la que la Directora Fitzgerald había vivido.Hasta que ¡Muerte! invadió su hogar.
Cuando el camino hacia Fitzgerald se me truncó, opté por volverme amiga de ¡Muerte!.Sí, bueno, no creo que a estas alturas sorprenda mi toma de decisiones, ¿o sí?
Observé lo que ¡Muerte! tenía que ofrecerme.Fuera de serie.
Mis andanzas por el pueblo no fueron lo que la Directora pudo haber esperado. En lugar de ocultarme, como se me había pedido al enmisionar, fui totalmente distinta. Caminé junto a ¡Muerte!, buscando a los últimos supervivientes del pueblo… erradicándolos. Me volví negra como ellos.
Y solo así pude llegar hasta la cabecilla de la podredumbre negra.
No había otro método.
Me alié con el enemigo por una instancia, con tal de llegar al núcleo de ¡Muerte!.
Me di cuenta de ello en el instante en que la cabeza de ¡Muerte! notó la discrepancia entre sus súbditos y yo.Yo no estaba ahí para ser una figura esquelética destructora al servicio de su voluntad.O tal vez sí… pero únicamente hasta encontrar la primera oportunidad de revelarme.
Cuando saqué mi varita y le apunté, este ente maligno —lento de reacción— chilló antes de que lo fulminara y completara la prueba de Fitzgerald.Era demasiado tarde para hacer nada.
Me había encaminado por este terrorífico sendero del mal sin siquiera pensarlo. El sentido de dirección de mis pies era tan poderoso que no necesitaba calcular mis movimientos. Y al no pensarlos, ¡Muerte!, a pesar de saberlo todo, no pudo escapar ni preparar un bloqueo.
Yo no había planeado vengar a nadie.Mis pies me llevaron exactamente a donde tenía que estar… y entonces, sin previo aviso, actué.
Solo así se puede vencer al mal:sin planearlo.
Varita mágica Varita mágica
No pude persuadir al cuarto guardián de mostrarme la siguiente —e intuyo última— prueba.El cuarto guardián, cuyo nombre no recuerdo, me lo dejó muy claro:
No confío en ti. Eres demasiado joven.
El desagrado por mi presencia era notorio. El cuarto y más cauto de los guardianes esperaba a alguien muy distinto a mí.
Hice caso omiso de su malestar y me senté en el oráculo cristalino, en ese mapa de todo Hogwarts: brillante, misterioso y bello.
Me crucé de piernas y medité.
Cuando la idea de mi siguiente vuelo se volvió concreta, en un parpadeo ya estaba abriendo la puerta de la Cámara de Mapas, dejando atrás a los guardianes que me habían guiado… y a aquel otro, que permanecía aún confuso sobre quién era yo.
Pues, según sus palabras, yo podría hacer mal uso del conocimiento de la última prueba.
Tal vez tenga razón. La idea de volver a una extraña con poder incontrolable era algo que ya les había ocurrido antes de mí.
Isidora Morganach.
Varita mágica Varita mágica
Bajé de mi escoba en la entrada de una mina, controlada por los secuaces de Ranrok.
Me sacudí la arena imaginaria de las botas, del pantalón, de las hombreras.Estiré el cuello.Hice un par de ademanes burlones frente a la guardia.
Ellos lanzaron sus hachas al suelo.En silencio pedían clemencia, quiero creer.
—¡Bombarda!
El camino se abrió hacia la entrada.
Toqué mis bolsillos. Estaban llenos.Me emocionaba la idea —lo admito, de manera inmadura— de que, al salir, si tenía suerte de no perecer, saldría vacía.
Para que me entiendas:aligerar la carga es la mejor sensación que puede sentir un alma como la mía.
Varita mágica Varita mágica
¡Accio!
El eco de mi voz recorrió las instalaciones terraformadoras de Ranrok como un estallido sonoro.El estruendo de mis pociones pararayo.El azote de los trols contra los muros: una desesperada y última forma de defensa, que solo habría tenido sentido si ya se sabía de la llegada de un monstruo tan fuerte como yo.
Me postré frente a Ranrok con intención por primera vez.
Entonces apareció Lodgok, capturado por los secuaces que lograron ocultarse de mí.
Cuando su hermanito mostró humildad, compasión y esa serie de atributos bondadosos que rara vez sobreviven en tiempos de guerra, Ranrok optó por hacer lo más lógico: desechar aquello que no le sirve.
No logré ponerme en medio.
En el desmayo de Lodgok, todos aprovechamos para escapar.
Si bien mi caballero y amigo goblin logró su cometido —destruir las perforadoras gigantes que habrían detonado una guerra inminente— el costo fue grande. Tan grande como su ahínco por demostrarme que los goblins y los magos podían, y debían, volver a ser amigos.
Varita mágica Varita mágica
Salí de ahí con un amargo sabor de boca.No habría Tres Escobas, ni ninguna otra taberna, ni enmisionamiento alguno, ni paseo por el bosque capaz de arrebatarme este dolor.
Yo acepto este destino.
No soy como Isidora Morganach, envuelta en cavilaciones sobre arrancar el dolor del espíritu humano.
Yo soy un trozo de metal,y el dolor es el fuego de mi forja.
Magia ancestral o no.
Yo soy así.
Varita mágica


















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