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4. Auto-reconocimiento: presencia propia

  • Foto del escritor: Kala Rico Pollo
    Kala Rico Pollo
  • 7 ene
  • 4 min de lectura

Actualizado: 7 may

Varita mágica

Me observé dormida sobre el taburete del aula de la profesora Hecat.Antes de mover un solo músculo, supe exactamente dónde estaba sentada y quién me observaba.Entonces —y solo entonces— pude despertar.Había utilizado esta técnica de canalización mental cada día desde mi llegada, y con el tiempo se volvió una directriz silenciosa:reconocer el entorno, reconocer la mirada ajena, reconocerme a mí mismaantes de actuar.Así es como exploro mundos de manera efectiva.Mágicos o no mágicos.Con esa efervescencia del espíritu aún vibrando en el cuerpo, mi movimiento fue continuo y certero.Aprendí Incendio.El fuego respondió a mi varita sin resistencia, como si hubiera estado esperando.Supe de inmediato que Fig debía saberlo cuanto antes.

Varita mágica. 

 Varita mágica

Mi mente podía trazar cualquier plan, pero mis pies tenían el mando sobre mi avance en este nuevo mundo.Y claro que ellos —mis pies— querían explorar lo que tenían cerca.Sabía que este castillo se convertiría en un mantra, uno que repetiría cuando volviera a encontrarme frente a aquella cordillera de montañas que vi tras el vitral.Antes de llegar a Fig, antes de cualquier juerga mágica que inevitablemente me llevaría lejos del castillo, debía explorar cada rincón de este bastión de magia ancestral.En mi larga, nocturna y desvelada exploración, encontré más Llaves Daedálicas;ese juego de habilidad, casi tabú, que el día anterior me había provocado una suerte de indigestión espiritual.Pero ocurrió algo inesperado.No tanto para mí… sino para los demás.Un grupo de estudiantes de quinto año me observaba desde sus habitaciones, tras el cristal de sus recámaras individuales.La llave se postraba en el jardín, completamente a la vista de todos.Batallé.Me frustré.Persistí.Tras quién sabe cuántos intentos, logré finalmente ingresar la llave.Tal vez fui la alumna que más trabajo tuvo en este juego tan pragmático del castillo.Y todos me vieron ahí, envuelta en un escenario muy distinto al que habían presenciado el día anterior, cuando ingresé las llaves al primer intento frente a todos.Yo no sabía que me observaban.Pero ahí fue donde los demás comprendieron algo:Esta nueva alumna no estaba tratando de demostrar nada cuando superó las Llaves Daedálicas con facilidad.Aquello fue solo la consecuencia de todo lo que ocurre a solas.De noches como esta.Donde nadie mira.Donde se entrena.Donde se da todo de sí,para volverse mecánicamente mejor que la noche anterior.

Varita mágica 

 Varita mágica

Llaves aladas, chiquitas pero provocativas.Libros flotantes, ignorantes de mi presencia.Los cacé furtivamente, uno a uno, hasta que topé con pared:uno de mis objetivos requería un hechizo que aún no conocía —Alohomora.Me miré fijamente los pies, como diciéndoles:Bueno… hasta aquí. Ahora vamos con Fig.Ellos me miraron de vuelta(figurativamente hablando, claro)y asintieron, llevándome a la oficina de Fig con la misma intensidadcon la que antes se movían cazando presas voladoras.

Varita mágica

 Varita mágica

Ahora que había obtenido la fuerza suficiente para adentrarme en terrenos más peligrosos, decidíamos qué hacer…Una fuerza externa nos interrumpió: el director del castillo requería a Fig en otro lugar. Y como siempre que el director entra en escena, yo quedé fuera de la interacción, convertida en fondo, en decorado consciente.Quedé sola.En ese instante de realización, mis pies me susurraron al oído:Sebastian.(Sigo hablando de manera figurativa).—¿Cómo sé que no irás con los profesores y me echarás de cabeza? —le pregunté a Sebastian con ese tono de neutralidad que, sospecho, le fascina cuando proviene de gente poderosa como yo.—Me gusta que mis aliados me deban una —respondió, con la misma cadencia de aquella vez que merodeamos Hogsmeade.Entonces lo entendí: era sincero.Y aunque él tenía sus propios beneficios en esta incursión al área prohibida de la biblioteca —como cualquier buen mercenario que forma un grupo—, también quería ayudarme.Llegó el momento en que alcancé el punto exacto al que Fig y yo habíamos planeado llegar.Ahí, Sebastian tuvo que replegarse y convertirse en distracción frente a los guardias fantasmales.Otra vez yo siendo yo:sola, en lugares oscuros,combatiendo quién sabe quépara llegar a quién sabe dónde.Kala.

Varita mágica

 Varita mágica

Mecanismos de mazmorra.Mis sentimientos hierven muy en el fondo cuando activo, comprendo y utilizo a mi favor el metabolismo de lugares enormes como este. Pero mi fondo es profundo, y no alcanza a materializarse en mi semblante, que permanece —sea cual sea la circunstancia— estoico.El primer gruñido de la mazmorra: me reconoce como threat.La magia ancestral no es propia de este mundo, lo noto.Es mi propia magia ancestral la que se manifiesta.¡THUNDER_DROPFINAL_INT!Pude canalizar técnicas aprendidas en otros universos a través de mi nueva varita. La espontaneidad del momento logró detenerme un instante… solo un instante.Trance de batalla, sin adornos:sentí la urgencia de castear curación sobre mí misma a mitad del combate.Al fin, un reto.Avancé feroz. Destellazos de luz que se absorbían a sí mismos para estallar sobre otros enemigos. De vez en cuando, mi silueta se reflejaba en los muros de piedras preciosas: danzante.Cada enemigo desequilibrado y arrojado al borde se levantaba para reincorporarse a la pelea, solo para ser desequilibrado por segunda vez y, finalmente, convertido en restos de autómata.Las salas con enemigos quedaron atrás.Llegué a una antesala donde una escultura con forma de cáliz emergía de la roca, con una gota de agua azul flotando sobre sí.Le pedí al agua que me dejara ver lo que tenía que ver.Entonces me sumergí en el cáliz de la última sala de la mazmorra.Visiones claras: color, textura, sonido.Sentimientos de adulación.Sentimientos de humildad.Muestras de gran poder y altruismo combinadas en una misma escena.Los fundadores de este castillo.Y aquella persona que, siendo infante, observó por primera vez lo que podría llegar a ser.Cuando el cáliz me dejó ver lo que tenía que ver, fui expulsada por el portal en ruinas por el que había entrado. A escabullidas, encontré un fuego Floo e intenté regresar con Fig, ahora que estaría desocupado.Otra vez el Director.Al abrir la puerta y verlos discutir, supe que era mejor retirarme, descansar y volver cuando él no estuviera.

Varita mágica 

 

 


 
 
 

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