6. Intervención: impacto en el mundo
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 4 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
Este tipo de libertad me domina; una vez que me adentré en el mundo exterior, no habría marcha atrás.Avanzaría hasta que me fuera virtualmente imposible seguir adelante.¿Un guardián indestructible? ¿Un acertijo indecifrable? ¿Una frontera que no cede ni con fuego ni con paciencia?No lo sabría hasta llegar ahí.Y vaya que me domina la idea de buscar algo que me supere.
Varita mágica
Varita mágica
Cerca del Lago Negro escuché la discusión malhumorada de un trío de personas.Decían ser Ashwinders. Atrapaban a una expedicionista con preguntas de índole personal, interrumpiendo su trabajo, su campamento, su concentración.Winders o Ashers —cualquiera que fuera su propaganda— estaban siendo disruptivos.Varita en mano, me entrometí.Malos entrometiéndose con mercaderes de mi barrio, en mi ciudad natal.Tuve que borrar esa escena superpuesta: ya no estaba en casa, aunque se pareciera demasiado.—Ah, te estábamos buscando. A nuestro líder le gustaría hablar contigo —me dijo uno de ellos, apagando solo por un segundo su modo de asaltante.La erudita, que después supe era fanática del mago Merlín, intentó defenderme.Pudimos haber dicho cualquier otra cosa.Pero lo que detonó nuestro enfrentamiento a muerte fue, en gran parte, el mismo gesto reflejado en todos: el desagrado.No cooperaríamos.No podía estar más claro.¡Desmaius!
Varita mágica
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Cuando observé el cuerpo inmóvil de la líder de los Ashwinders, pensé:Tal vez debería enfrentarme a ella de nuevo, como forma de entrenamiento.Canalicé, a improviso, una forma de hechizo que me llevó al momento justo antes de comenzar el duelo.Repetí.Solo un par de veces.Este sería un acuerdo personal, muy propio: avanzar sin utilizar ningún tipo de recurso hasta que fuera totalmente necesario.Mientras revisaba los bolsillos de los inconscientes Ashwinders, la señorita erudita del campamento comenzó a hablarme sobre Merlín.Saqué un trozo de cuero que servía de billetera, oculto en un bolsillo secreto de la elegante vestimenta de uno de los maleantes.Los malos son igual de malos en cualquier lugar, me dije, superponiendo mi pensamiento a la cátedra impuesta sobre Merlín.Cuando terminé de saquear a los saqueadores, noté algo curioso: estaba justo en una de las pruebas mágicas de Merlín.Entre mi habilidad y su conocimiento, activamos los mecanismos.Si Merlín estaba tan loco como creo, seguramente esperaba que estos dispositivos fueran activados uno tras otro, en una secuencia perfecta.Cuando logré completarlos, del suelo emergió un kiosko.—Bonito kiosko —dije.Ahora, sentada aquí relatando, pienso en esta parte:la magia puede usarse para asaltar de forma rapaz,o bien, para crear un espacio bello, casi ceremonial, para una conversación célebre.Ahí está el contraste entre los Ashwinders y el gran mago Merlín.Supongo.
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—¿Eres pintor?Mi pregunta fue para Arn, uno de los goblins que, por pura melancolía, aún permanecía entre los remanentes destruidos de un pequeño pueblo.—Esos lacayos de Ranrok se sienten intocables ahora que su líder se vuelve más poderoso —dijo—. Seguramente usarán mis pinturas como leña para sus fogatas.Arn siguió encimismado en su conmiseración.Y entonces ataqué.(ataqué a su conmiseración, claro).—Mira, amigo —le dije—, el arquetipo de ladrón que me describes obtiene valor de los objetos robados por el valor sentimental que tienen.No van a quemar tus pinturas.Necesitan ver su botín de vez en cuando para sentirse completos.Me incorporé desde mis piernas flexionadas y establecí contacto visual directo con Arn, ahora que estaba fuera de su trance emocional.—Voy a recuperar tus pinturas, ¿vale?
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Las coníferas alrededor del asentamiento goblin fueron mis confidentes y mis escuchas.Enfrentarme a un grupo numeroso de enemigos es una cosa; asediar un asentamiento es otra completamente distinta.Me volví silenciosa. Rodeé el perímetro con paciencia quirúrgica, y en mi subconsciente quedaron marcados los puntos de ruptura: dónde enfrentar, dónde resistir, dónde obligarlos a venir a mí.Cuando menos lo noté, entre ¡Levioso!, hachas voladoras, ¡Reducto! y explosiones internas, di con aquellos lugares que había observado desde el bosque.Aquí.Este es el lugar.Sargentos, magos de fuego, ballesteros, infantería y contrainfantería: todo fue encauzado hacia una sola dirección, hacia mí, en una esquina del asentamiento donde no habría ataques por la espalda.Condición de victoria.Solo fue cuestión de repeler cada ataque, uno tras otro, hasta que tanto el sol como el ejército goblin cayeron.El último sargento hizo su último stand, demostrando una valentía que no le faltaba.—¡No dejaré que nos erradiques! ¡Defenderé a mi gente!En su imaginación era el más poderoso de los goblins.En mi perspectiva —y quizá en la realidad— era un guerrero de cuarenta centímetros que, a pasitos cortos, se abalanzó sobre mí.Ternura.No notó que su armadura antimagia se había quedado sin energía tras tanto combate. No se volvió enorme como en otros enfrentamientos. Bastó una patada para dejarlo inconsciente.Bien.Ahora, las pinturas.—¿Dónde están? —dije en voz alta—. Arn mencionó algo sobre unos carruajes.Las copas de las coníferas me escucharon.Entre la masacre abrí una compuerta repleta de botín, pero fui directo a los carruajes mágicos de Arn.—Oigan, soy amiga de su papá. Me pidió que las llevara a casa. Vamos.Los carruajes comenzaron a moverse por sí solos, saliendo del campamento, hasta llegar con su dueño…y yo, escoltándolos.
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Arn no podía contener su alegría en ese cuerpecito tan pequeño. Daba saltos casi erráticos; su cabeza giraba de lado a lado como si quisiera desprenderse del resto.—Increíble… —no podía ni hablar—. Ya me había olvidado de ti…El goblin parecía hablar consigo mismo.—Esto es verdaderamente espléndido… todas mis cosas, mis mercancías…Se detuvo abruptamente, como el genio que hace una pausa exacta para contemplar una idea.—Me has inspirado —dijo ahora sí, mirándome de frente—. Ya quiero empezar mi siguiente pintura. Yo tenía razón cuando defendí a los magos frente a aquellos vándalos de Ranrok. Ustedes son nuestros mejores aliados.Lo observé un segundo más de lo necesario.—¿Así que te peleaste con los lacayos de Ranrok solo para defender tu ideología sobre nosotros… los magos?El mercader–pintor quedó pasmado, como si estuviera siendo regañado por su mamá goblin.Entonces volví a hablar:—Me pasaré de nuevo por alguna de tus tiendas. Quiero ver terminada esa nueva obra tuya, ¿de acuerdo?Dimos unos pasos fuera de las ruinas y, tan pronto el ambiente se serenó, Arn chasqueó los dedos y se esfumó.Seguí sola por el sendero oscuro y pensé:Ah… olvidé que los goblins se teletransportan.
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