8. Afirmación del yo: independencia)
- Kala Rico Pollo
- 7 ene
- 2 min de lectura
Actualizado: 7 may
Varita mágica
Avancé lo suficiente por las catacumbas a las que Richard —Jackdaw— me había guiado como para entenderlo: no era el momento.Debía retirarme, soltar todo peso innecesario y volver después.Cuando regresé a la entrada del Bosque Prohibido, volví a hablar con las flores amarillas. Eran las mismas que cantaban advertencias para cualquiera que se atreviera a cruzar ese umbral.—Ya me quedó claro —les dije—. Ahí dentro es peligroso.Pero… mírenme un segundo.¿No les parezco yo más peligrosa?No sé qué vieron en mí cuando las saqué de su trance musical.Solo sé que, desde entonces, dejaron de alarmarse.Ahora, cuando entro y salgo del Bosque Prohibido,las flores guardan silencio.
Varita mágica
—Nos vemos de nuevo —le dije a Jackdaw, que aguardaba en medio del bosque, levitando en esa forma tan suya, tan fantasmal.—No debería sorprenderme verte regresar —respondió—. Puedo notar que eres una persona de palabra.Richard no podía llegar hasta la entrada de las catacumbas.Se mantenía reacio a acercarse a ese lugar exacto donde había encontrado la muerte.Es curioso cómo funciona esto:a veces, la primera vez que avanzas por una mazmorra resulta más fácil que la segunda…o la tercera
Varita mágica
—¡Incendio!Y… ¡Incendio otra vez!Las arañas funcionaban como fuegos artificiales a los que solo tienes que encenderles la mecha.Así, la diversión tuvo que detenerse durante unos segundos.Un dúo de arañas, con exoesqueletos resistentes al fuego, custodiaba la entrada de aquel recinto donde, incluso a la distancia, podía percibirse el rastro de magia ancestral.Cuando me di cuenta de lo simple que estaba siendo mi forma de superar el obstáculo —nada de Levioso, nada de Accio— me limité a lanzar hechizos básicos contra los guardianes arácnidos. Uno tras otro. Hasta que, después de un largo periodo de combate, dejaron de moverse.Entonces lo recordé.No era la primera vez que derrotaba a un coloso de mil doscientos puntos de vida…a base de puñetazos que apenas hacen uno de daño.Bendita paciencia.
Varita mágica
Varita mágica
Cuando volví a observar la forma natural del recinto —la misma que había analizado antes de llegar al castillo, en quién sabe qué isla remota— algo terminó de asentarse en mi mente: el motivo de esa espiral ascendente, orgánica, casi viva.—Jackdaw… ahora entiendo por qué terminaron contigo —le dije—.Fuiste libre. Aventurero. No transigiste con todas esas normas que la sociedad en la que vivías te imponía.Por eso te liquidaron.No lograrán lo mismo conmigo, amigo.
Varita mágica
Varita mágica
—¡Expelliarmus!El gigante se tambaleó, dio varios pasos inseguros y volvió a avanzar hacia mí.No era un enemigo.Ni siquiera un obstáculo.Aquellos autómatas eran un espejo; o mejor dicho, un catalejo hacia un escenario donde aparecía yo misma, derrumbando algo que —lo entendí entonces— efectivamente podía caer a pedazos.Cuando dejé atrás los restos metálicos, encontré por fin la varita de manzano que yacía junto al cadáver de Jackdaw, el objeto por el que me habían enviado hasta ahí. Pero no fue lo único. También vi el umbral de luz de salida, y en él me descubrí levantando el brazo en una silenciosa pose de victoria.No había obtenido solo una varita.Había adquirido conocimiento.Había redimido la muerte de Richard.
Varita mágica











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