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El reactor.

  • Foto del escritor: Kala Rico Pollo
    Kala Rico Pollo
  • 6 jun
  • 1 min de lectura

Mi improvisado coach de peleas dentro del coliseo, Leon Berna, no decía ni una sola palabra mientras me miraba escupir sangre sin parar.

Yo permanecía con la vista en el piso, con la imagen de él mirándome a los ojos.

Me decía con el pensamiento… o tal vez fue su lenguaje corporal lo que me dio el mensaje:

Mírate, Zaun. Te han partido la cara todos estos días y, aun así, no te inmutas. No gritas. No te rindes. Ni culpas de tu dolor a los demás. Tu conocimiento va más allá de lo que demuestras. Sabes que solo eres un chiste. Un payaso ridículo ante todas esas personas, turistas y habitantes de tu ciudad. Pero aun así sigues parándote frente a las bestias en el coliseo. Eres el guerrero más fuerte. En el fondo de tu espíritu, sabes que eres el ÚNICO guerrero que tiene este reino olvidado por Dios bajo tierra. Y tal vez por eso te limpias la cara con fervor. Sabes que no nos decepcionas. Aunque no digas nada.

El coach no dijo nada.

Ni yo tampoco.

Y volví a salir por la puerta bélica hacia la arena.

Yo soy Zeri. La chispa de Zaun.


 
 
 

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