Estar Juntos - feat. Purs
- Kala Rico Pollo
- 28 jun
- 2 min de lectura
Fragmento 1
Qué manera más extraña de despertar de un sueño profundo.
Las rasgaduras de los arbustos sobre mi rostro. Las ramas de los arbustos por los que atravesaba, a ciegas, sonámbula, terminaron de colocarme en un estado de conciencia.
Ya había internalizado el estado de alerta y el peligro latente, tanto así que, una vez mis músculos dejaron de estar sedados, accionaron por su propia cuenta y me hicieron avanzar por quién sabe dónde.
Avancé y avancé, en total oscuridad.
Cuando recobré plena conciencia de mi situación, el miedo empezó a surgir lenta, pero progresivamente. El sedante contra la adrenalina.
Las ramas, mi único contacto con el mundo silencioso e invisible, me tranquilizaban cada vez que volvía a topar con ellas. Cuando avanzaba más de un segundo sin sentir el jaloneo de los arbustos, mi corazón palpitaba exageradamente.
El campo abierto era mucho más tenebroso que el monte.
Este estado de trance perduró hasta que escuché algo que, días atrás, habría hecho exactamente lo contrario de brindarme esperanza:
Disparos de rifle semiautomático.




Fragmento 2
Logré ver.
Manchas blancas. Ruidos ensordecidos por las armas de alto calibre. Nada inteligible.
No hacía falta interpretar la situación, y mi siguiente movimiento era sencillo: arremeter contra la luz. Si había algo entre aquellas manchas blancas y yo, con toda seguridad no sería un aliado.
Las ramas.
Cómo extrañé las ramas cuando estas se volvieron bultos contundentes y pesados. A muchos de ellos no pude derribarlos; solo me quedó sortearlos.
Por un instante, la oscuridad absoluta fue mi amiga. Mientras me escurría entre la horda de zombis, yo también era difícil de detectar.
Mis oídos dejaron de ser tan duros. Lograba escuchar los disparos delante de mí, y otros a los lados.
Qué alivio.
Escuchar el estruendo justo delante y justo detrás.
Estoy rodeada de estos benditos sonidos demoníacos, mientras que, por mi sordera inducida, los sonidos de la horda se enmudecieron.
Hubo un aullido grupal tras varias instancias de avance, seguramente hablaban mi idioma, pero aquel grito pareció tan coordinado que fingí comprenderlo.
Cuando mis músculos dejaron de funcionar, ya estaba en el asiento del copiloto.
Otra vez.
Al lado del Dr. Demon Snake.





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