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Morada.

  • Foto del escritor: Kala Rico Pollo
    Kala Rico Pollo
  • 21 jun
  • 1 min de lectura

Es extraño quedarme quieta durante tanto tiempo.

Resulta que era una palabra que desconocía: morar.

Es algo así como no llegar lo antes posible a un lugar. Demorarse. Permanecer.

Entiendo que la diferencia está en la intención. No es demorarse por haber tomado la ruta equivocada ni por algún peligro que apareció sin previo aviso. Es decidir detenerse.

Así lo comprendo.

Para decidir detenerme tuvieron que pasar muchas cosas, durante mucho tiempo. Tantas, y con una cadencia tan sutil, que cuando me encuentro comiendo mis quesadillas en la sala de la terraza, ya ha ocurrido.

Ya me he detenido.

Ya no soy Kala Bridge, la Viajera Multiversal.

Me convertí en otro patrón más de este recinto espiritual donde moran —vaya palabra— otros demidioses.

No me desconcierta la situación. Comprendo el camino recorrido.

Más bien, me encuentro a la expectativa de todas estas circunstancias que se avecinan. Situaciones que para cualquier otro espíritu serían normales, pero que para mí, la empedernida juergista de la ciudad bajo tierra, pertenecen a otro universo.

Uno que apenas estoy por explorar.

Buena partida.

—Kala Bridge


 
 
 

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